Por Ricardo Ferrer Aluija
Entre los edificios con que cuenta el centro histórico de la ciudad figura el que sirve de sede a la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana, que ocupa la céntrica esquina de las calles “Camilo Cienfuegos” y “Oscar Primelles” en la que se divisa, desde esa privilegiada posición, el parque y la escuela que se ubican frente a él.
Más de treinta años habían transcurrido desde la culminación de nuestras Guerras de Independencia y en medio de las nuevas condiciones de neocolonia de los Estados Unidos, los veteranos que lucharon en aquellas gestas, no contaban con un local adecuado para reunirse e intercambiar sobre las luchas pasadas y los nuevos retos.
El Coronel José Miguel Tarafa, que había luchado en las contiendas emancipadoras y luego ocupó una privilegiada posición en la colonia con fachada de república iniciada en 1902, financió la construcción del nuevo local que quedó inaugurado el 8 de agosto de 1930, a las 10 de la mañana en un acto efectuado en el propio local.
El edificio, de amplia fachada y techo monolítico, cuenta con columnas cuadradas coronadas por capiteles, y destaca en ella su amplia puerta frontal y las ventanas de dos hojas que rodean el edificio y hacen que por él circule la brisa proveniente de sus alrededores.
El 7 de enero de 1931 tomo posesión la directiva electa en el mes de enero del propio año. A partir de entonces el edificio ha tenido una vida activa y ha aglutinado en él a los que en el siglo XIX lucharon por nuestra soberanía e independencia, y los que en las gestas más recientes combatieron por la definitiva liberación de nuestro pueblo.
No fue hasta el triunfo de la Revolución que el lugar adquiere su más amplia significación, al servir de baluarte a todas las generaciones de combatientes que entregaron parte de sus vidas por una sociedad más justa y digna; y los que más recientemente han cumplido honrosas misiones internacionalistas en los más apartados rincones del mundo.
En este lugar se reúnen con frecuencia varias generaciones de revolucionarios unidos por un mismo fin: defender la Patria, la Revolución y nuestro Socialismo, y es de destacar su vinculación con niños y jóvenes, a los que los protagonistas de disímiles hazañas les narran sus experiencias en el duro bregar del combatiente.
De esta forma el hermoso edificio llega hasta nuestros días, como un símbolo de la tradición de lucha de los nueviteros, dispuestos siempre a cumplir con los más sagrados deberes con la tierra que los vio nacer y con la humanidad toda, porque como dijera Nuestro Héroe Nacional José Martí: “Patria es Humanidad”.
lunes, 28 de junio de 2010
VALIENTES COMUNICANTES MAMBISES.
POr MSc. Ricardo Ferre Aluija.
Entre la legión de hombres y mujeres que de forma valiente y desafiando al enemigo en sus propias entrañas, prestaron un indispensable servicio a la revolución, incluso al costo de sus vidas, ocuparon un destacado lugar “los comunicantes”, que en el Camagüey desempeñaron un importante rol y estuvieron en múltiples oportunidades vinculados a nuestra ciudad.
Desde 1868 que los cubanos luchaban por Cuba libre, contaron siempre con un cuerpo auxiliar que trabajaba dentro de las ciudades, encargados de suministrar noticias confidenciales respecto a los movimientos de las tropas, envío de correspondencia, medicinas, ropas y otras tareas, que prestó una ayuda extraordinaria en las guerras por la independencia.
Generalmente los “comunicantes” trabajaban agrupados en clubes bajo la dirección de un jefe y sus integrantes adoptaban diferentes seudónimos que le permitían la necesaria compartimentación de la información, estos en la provincia asumieron el nombre de “Clubes Auxiliares de la Revolución”.
En la capital provincial en la Guerra de los Diez Años funcionó un club con este fin denominado “Hatuey”, el que era presidido por Carlos Gouraige, que poseía un depósito de pieles y se trasladaba a menudo a Nuevitas con el fin de comprar este artículo, mientras realizaba la arriesgada empresa de esconder dentro de su carga la correspondencia que salía en vapor hacia La Habana, lo que permitió mantenerse siempre en comunicación con otros jefes insurrectos.
Servicios muy valiosos prestó también en esta actividad Manuel Casares Cervantes, persona muy querida por los lugareños, por la labor que desarrollaba en el mantenimiento de la correspondencia a través del puerto, el, tenía un importante puesto de confianza y ostentaba el grado de grado de Comandante de los Comunicantes expedido por el Generalísimo Máximo Gómez Báez.
En una oportunidad un telegrafista denunció a Casares, lo que le obligó a salir de la ciudad al campo, donde se distinguió más tarde, lo que le hizo acreedor al cargo de Teniente Coronel Gobernador del Distrito Este de la provincia, fundando en este talleres, periódico y materializó otras tareas necesarias para el combate a las fuerza coloniales españolas.
Esta ocupación se extendió por el resto de la contienda y se vio reforzada en “la Guerra Necesaria” de 1895, después que José Martí fundara el Partido Revolucionario Cubano, entonces por lo general aprovechaban la noche, cuando llevaban los “paquetes” a casas de determinadas personas, quienes los colocaban en la basura, mientras un revolucionario a caballo pasaba de por la madrugada a recogerla y hacerla llegar al próximo destino.
Muchísimas páginas pudieran llenarse con los nombres de los comunicantes, porque muchos fueron los lugareños que colaboraron con la causa de la revolución desde esta importante misión, la que se cumplía generalmente de forma anónima, pero baste defender la independencia alcanzada para rendirles tributo permanente.
Entre la legión de hombres y mujeres que de forma valiente y desafiando al enemigo en sus propias entrañas, prestaron un indispensable servicio a la revolución, incluso al costo de sus vidas, ocuparon un destacado lugar “los comunicantes”, que en el Camagüey desempeñaron un importante rol y estuvieron en múltiples oportunidades vinculados a nuestra ciudad.
Desde 1868 que los cubanos luchaban por Cuba libre, contaron siempre con un cuerpo auxiliar que trabajaba dentro de las ciudades, encargados de suministrar noticias confidenciales respecto a los movimientos de las tropas, envío de correspondencia, medicinas, ropas y otras tareas, que prestó una ayuda extraordinaria en las guerras por la independencia.
Generalmente los “comunicantes” trabajaban agrupados en clubes bajo la dirección de un jefe y sus integrantes adoptaban diferentes seudónimos que le permitían la necesaria compartimentación de la información, estos en la provincia asumieron el nombre de “Clubes Auxiliares de la Revolución”.
En la capital provincial en la Guerra de los Diez Años funcionó un club con este fin denominado “Hatuey”, el que era presidido por Carlos Gouraige, que poseía un depósito de pieles y se trasladaba a menudo a Nuevitas con el fin de comprar este artículo, mientras realizaba la arriesgada empresa de esconder dentro de su carga la correspondencia que salía en vapor hacia La Habana, lo que permitió mantenerse siempre en comunicación con otros jefes insurrectos.
Servicios muy valiosos prestó también en esta actividad Manuel Casares Cervantes, persona muy querida por los lugareños, por la labor que desarrollaba en el mantenimiento de la correspondencia a través del puerto, el, tenía un importante puesto de confianza y ostentaba el grado de grado de Comandante de los Comunicantes expedido por el Generalísimo Máximo Gómez Báez.
En una oportunidad un telegrafista denunció a Casares, lo que le obligó a salir de la ciudad al campo, donde se distinguió más tarde, lo que le hizo acreedor al cargo de Teniente Coronel Gobernador del Distrito Este de la provincia, fundando en este talleres, periódico y materializó otras tareas necesarias para el combate a las fuerza coloniales españolas.
Esta ocupación se extendió por el resto de la contienda y se vio reforzada en “la Guerra Necesaria” de 1895, después que José Martí fundara el Partido Revolucionario Cubano, entonces por lo general aprovechaban la noche, cuando llevaban los “paquetes” a casas de determinadas personas, quienes los colocaban en la basura, mientras un revolucionario a caballo pasaba de por la madrugada a recogerla y hacerla llegar al próximo destino.
Muchísimas páginas pudieran llenarse con los nombres de los comunicantes, porque muchos fueron los lugareños que colaboraron con la causa de la revolución desde esta importante misión, la que se cumplía generalmente de forma anónima, pero baste defender la independencia alcanzada para rendirles tributo permanente.
TOMA DE NUEVITAS
Por MSc. Ricardo Ferrer Aluija.
En la memoria de los nueviteros, está muy arraigada la figura del Generalísimo Máximo Gómez Báez, aquel valiente dominicano, internacionalista que dedicó toda su vida a luchar por la independencia de Cuba, es oportuno narrar su más relevante vínculo con nuestra ciudad, ocurrido el 24 de agosto de 1873, cuando tomó a Nuevitas por asalto.
Transcurrían los difíciles días en que las fuerzas mambisas llevaban adelante nuestra primera guerra de independencia, y en todo el territorio del Centro y Oriente del país se libraba una intensa lucha por hacer que Cuba obtuviera su total y definitiva independencia.
Concluida la primera fase de la campaña de verano, de inmediato comenzó a ejecutarse el segundo movimiento táctico con el objetivo de atacar poblaciones. Múltiples sería los proyectos de asaltos que en diferentes puntos de la geografía de nuestra isla se llevarían adelante. Nuevitas sería el primer gran golpe.
Casi 24 horas antes del ataque a Nuevitas, el Teniente Coronel Martín Castillo, informó a Gómez sobre el estado de la ciudad y la línea férrea. Aunque definió la situación sin novedad, un tren había arribado e ignoraba si condujo refuerzos. No obstante Gómez, continuó su plan de asalto que consistió en la organización de dos columnas, la primera marcharía por la entrada principal y la segunda por el sur. Mientras, la caballería ocuparía el camino de hierro para rechazar cualquier refuerzo.
A las 3 de la mañana los insurrectos comenzaron el asalto. Al funcionar la sorpresa, la guarnición y demás tropas dislocadas en el pueblo, se concentraron en los fuertes. Las cuatro cañoneras y el vapor Neptuno, anclados en la Bahía, no pudieron evitar que por una hora y media, los mambises se abastecieran a su libre arbitrio. Terminada la misión, se retiraron sin dificultades. En el fragor del combate, las fuerzas cubanas, registraron dos muertos y cinco heridos.
En su diario de campaña, releído por los cubanos con renovado interés este año de conmemoración, Gómez señalaría: “...el enemigo resiste poco, se repliega a sus fuertes, hace fuego sin resultados...se recogió un rico botín; algunas armas y parque – me retiro sin novedad”.
Había conocido el insigne mambí como los nueviteros de entonces apoyaron la acción, lo que contribuyó sin dudas al éxito alcanzado lo que pasó a la historia como el más relevante vínculo de Máximo Gómez Báez con este territorio de la costa norte de la provincia de Camagüey.
En la memoria de los nueviteros, está muy arraigada la figura del Generalísimo Máximo Gómez Báez, aquel valiente dominicano, internacionalista que dedicó toda su vida a luchar por la independencia de Cuba, es oportuno narrar su más relevante vínculo con nuestra ciudad, ocurrido el 24 de agosto de 1873, cuando tomó a Nuevitas por asalto.
Transcurrían los difíciles días en que las fuerzas mambisas llevaban adelante nuestra primera guerra de independencia, y en todo el territorio del Centro y Oriente del país se libraba una intensa lucha por hacer que Cuba obtuviera su total y definitiva independencia.
Concluida la primera fase de la campaña de verano, de inmediato comenzó a ejecutarse el segundo movimiento táctico con el objetivo de atacar poblaciones. Múltiples sería los proyectos de asaltos que en diferentes puntos de la geografía de nuestra isla se llevarían adelante. Nuevitas sería el primer gran golpe.
Casi 24 horas antes del ataque a Nuevitas, el Teniente Coronel Martín Castillo, informó a Gómez sobre el estado de la ciudad y la línea férrea. Aunque definió la situación sin novedad, un tren había arribado e ignoraba si condujo refuerzos. No obstante Gómez, continuó su plan de asalto que consistió en la organización de dos columnas, la primera marcharía por la entrada principal y la segunda por el sur. Mientras, la caballería ocuparía el camino de hierro para rechazar cualquier refuerzo.
A las 3 de la mañana los insurrectos comenzaron el asalto. Al funcionar la sorpresa, la guarnición y demás tropas dislocadas en el pueblo, se concentraron en los fuertes. Las cuatro cañoneras y el vapor Neptuno, anclados en la Bahía, no pudieron evitar que por una hora y media, los mambises se abastecieran a su libre arbitrio. Terminada la misión, se retiraron sin dificultades. En el fragor del combate, las fuerzas cubanas, registraron dos muertos y cinco heridos.
En su diario de campaña, releído por los cubanos con renovado interés este año de conmemoración, Gómez señalaría: “...el enemigo resiste poco, se repliega a sus fuertes, hace fuego sin resultados...se recogió un rico botín; algunas armas y parque – me retiro sin novedad”.
Había conocido el insigne mambí como los nueviteros de entonces apoyaron la acción, lo que contribuyó sin dudas al éxito alcanzado lo que pasó a la historia como el más relevante vínculo de Máximo Gómez Báez con este territorio de la costa norte de la provincia de Camagüey.
MACEO EN NUEVITAS
Por MSc. Ricardo Ferrer Aluija
Había transcurrido una década de dura contienda en los campos de batalla de la Cuba irredenta, sin que se obtuviera el resultado esperado de la independencia necesaria. Eran los días de la paz del “Zanjón”, ante la que se empinaba la más viril actitud de un mulato cubano, que se enfrentara al alto mando español, representado por Arsenio Martínez Campos en la inmortal “Protesta de Baraguá”,el 15 de marzo de 1878.
Antonio Maceo y Grajales, del que conmemoramos este año el aniversario 161 de su natalicio, en los difíciles días del exilio, conoció como pocos, el sentido patriótico y revolucionario de los pobladores de esta localidad. Por entonces, de manera callada, se preparaba la guerra necesaria que dirigiría el más genial de los cubanos: Martí. .
El Titán de Bronce el 2 de febrero de 1890 hizo en Nuevitas una histórica escala en el vapor “Manuelita”, procedente de Gibara, después de visitar Jamaica y Santiago de Cuba; su estancia aquí fue ruidosa. Alguien dio la noticia de quien estaba a bordo y jóvenes y campesinos a porfía se disputaron el honor de saludarlo.
Una sana y emocionante alegría ponía una nota patriótica de franco optimismo entre aquellos hombres y mujeres del pueblo, que veían en el héroe cubano la aurora de la liberación próxima. Algunos, iniciados ya en los trabajos de propaganda, confesaron a Maceo que la propaganda derrotista alimentada por los españoles desde la capital provincial, negando que hubiese dentro o fuera de la isla que se ocupara de la independencia, se destruía al conjuro de su presencia, y ahora, al verle y escuchar de sus labios, la decisión de reiniciar la lucha, se marchaban plenos de fe y dispuestos a secundarlo.
Maceo les declaró que su vuelta a Cuba no obedecía a otro propósito que el de poner en marcha el movimiento revolucionario. A los más probados que fueron a verle, les hizo portadores de mensajes para el Marqués de Santa Lucía, Emilio Luaces y los Mora y otros camagüeyanos, con el objetivo de que estuvieran avisados y que pudieran prestar su valiosa cooperación.
Esto pudo ocurrir sólo en una ciudad cuyo pueblo estaba plenamente identificado con la causa revolucionaria. De esta manera, quedaría para siempre vinculado con nuestro territorio el “ Titán de Bronce ”, quien dejó escrito con valentía y su sangre, algunas de las más gloriosas páginas de nuestra histórica por la total independencia de nuestro país.
Había transcurrido una década de dura contienda en los campos de batalla de la Cuba irredenta, sin que se obtuviera el resultado esperado de la independencia necesaria. Eran los días de la paz del “Zanjón”, ante la que se empinaba la más viril actitud de un mulato cubano, que se enfrentara al alto mando español, representado por Arsenio Martínez Campos en la inmortal “Protesta de Baraguá”,el 15 de marzo de 1878.
Antonio Maceo y Grajales, del que conmemoramos este año el aniversario 161 de su natalicio, en los difíciles días del exilio, conoció como pocos, el sentido patriótico y revolucionario de los pobladores de esta localidad. Por entonces, de manera callada, se preparaba la guerra necesaria que dirigiría el más genial de los cubanos: Martí. .
El Titán de Bronce el 2 de febrero de 1890 hizo en Nuevitas una histórica escala en el vapor “Manuelita”, procedente de Gibara, después de visitar Jamaica y Santiago de Cuba; su estancia aquí fue ruidosa. Alguien dio la noticia de quien estaba a bordo y jóvenes y campesinos a porfía se disputaron el honor de saludarlo.
Una sana y emocionante alegría ponía una nota patriótica de franco optimismo entre aquellos hombres y mujeres del pueblo, que veían en el héroe cubano la aurora de la liberación próxima. Algunos, iniciados ya en los trabajos de propaganda, confesaron a Maceo que la propaganda derrotista alimentada por los españoles desde la capital provincial, negando que hubiese dentro o fuera de la isla que se ocupara de la independencia, se destruía al conjuro de su presencia, y ahora, al verle y escuchar de sus labios, la decisión de reiniciar la lucha, se marchaban plenos de fe y dispuestos a secundarlo.
Maceo les declaró que su vuelta a Cuba no obedecía a otro propósito que el de poner en marcha el movimiento revolucionario. A los más probados que fueron a verle, les hizo portadores de mensajes para el Marqués de Santa Lucía, Emilio Luaces y los Mora y otros camagüeyanos, con el objetivo de que estuvieran avisados y que pudieran prestar su valiosa cooperación.
Esto pudo ocurrir sólo en una ciudad cuyo pueblo estaba plenamente identificado con la causa revolucionaria. De esta manera, quedaría para siempre vinculado con nuestro territorio el “ Titán de Bronce ”, quien dejó escrito con valentía y su sangre, algunas de las más gloriosas páginas de nuestra histórica por la total independencia de nuestro país.
LA CIUDAD Y UN INSIGNE MAMBI CAMAGÜEYANO.
POr MSc. Ricardo Ferrer Aluija
Siguiendo las huellas de su padre el comandante Enrique Loynaz Arteaga, ingresó muy joven Enrique Loynaz del Castillo en las filas revolucionarias y ya en 1892 fue miembro destacado del Partido Revolucionario Cubano, vinculándose en la historia local de forma muy destacada.
Prestó un importante servicio a favor de la independencia al pasar por la Aduana de Nuevitas el 30 de marzo de 1894, 48 000 cápsulas y 200 fusiles que por órdenes de nuestro Héroe Nacional José Martí puso a disposición del Presidente del Comité Revolucionario de Camagüey Doctor Emilio Luaces.
Al enterarse un rico industrial camagüeyano del hecho, sabiéndose perjudicado por la Guerra de Independencia, el hecho fue puesto en conocimiento del General Gasco, quien le concedió sólo unas horas al insigne mambí para que abandonara el país, cuestión que narró concluida la guerra.
Con ayuda del conductor del tren de Nuevitas a Camagüey, Pablo Manrique, y la cooperación de Elpidio Marín y de su padre, pudo huir en el tren de carga hasta esta ciudad y después dirigirse al lugar conocido como “Punta de Prácticos” el 8 de abril de el propio año, embarcándose en el vapor alemán “Arlet”, llegando a Nueva York el día 15 de ese mes.
Martí lo hospedó en su casa en aquella ciudad norteamericana y no se sintió desanimado por el fracaso involuntario de Loynaz, pero como la Legación Española lo perseguía judicialmente, nuestro Apóstol determinó que embarcara a Costa Rica, enviándole cartas al gobierno de dicha nación y a Antonio Maceo.
En 1895 junto al Héroe Nacional de la independencia de Cuba, Mayía Rodríguez, Enrique Collazo y Charles Hernández, organizó la frustrada expedición de “Fernandina” y en febrero del propio año cuando se disponía a venir en una pequeña expedición hasta la provincia, fue incorporado con sus 40 fusiles y parque a la de los generales Serafín Sánchez y Carlos Rolof, en cuya compañía desembarcó en “Punta de Caney”, junto a Tunas de Zaza el 24 de julio de 1895.
Fue designado delegado a la Asamblea Constituyente de Jimaguayú por el Camagüey y se le atribuye el alto mérito de redactar el Acta de Independencia que como preámbulo precedió el articulado de esa constitución.
Este destacado general, no quiso ocupar cargo alguno bajo la ocupación militar norteamericana, lo que le hizo ganar el reconocimiento de su pueblo, que como los lugareños, vemos en él al hombre consecuente y de acción que lo entregó todo a cambio de la independencia y quedó inmortalizado en la historia vinculado a la ciudad de Nuevitas.
Siguiendo las huellas de su padre el comandante Enrique Loynaz Arteaga, ingresó muy joven Enrique Loynaz del Castillo en las filas revolucionarias y ya en 1892 fue miembro destacado del Partido Revolucionario Cubano, vinculándose en la historia local de forma muy destacada.
Prestó un importante servicio a favor de la independencia al pasar por la Aduana de Nuevitas el 30 de marzo de 1894, 48 000 cápsulas y 200 fusiles que por órdenes de nuestro Héroe Nacional José Martí puso a disposición del Presidente del Comité Revolucionario de Camagüey Doctor Emilio Luaces.
Al enterarse un rico industrial camagüeyano del hecho, sabiéndose perjudicado por la Guerra de Independencia, el hecho fue puesto en conocimiento del General Gasco, quien le concedió sólo unas horas al insigne mambí para que abandonara el país, cuestión que narró concluida la guerra.
Con ayuda del conductor del tren de Nuevitas a Camagüey, Pablo Manrique, y la cooperación de Elpidio Marín y de su padre, pudo huir en el tren de carga hasta esta ciudad y después dirigirse al lugar conocido como “Punta de Prácticos” el 8 de abril de el propio año, embarcándose en el vapor alemán “Arlet”, llegando a Nueva York el día 15 de ese mes.
Martí lo hospedó en su casa en aquella ciudad norteamericana y no se sintió desanimado por el fracaso involuntario de Loynaz, pero como la Legación Española lo perseguía judicialmente, nuestro Apóstol determinó que embarcara a Costa Rica, enviándole cartas al gobierno de dicha nación y a Antonio Maceo.
En 1895 junto al Héroe Nacional de la independencia de Cuba, Mayía Rodríguez, Enrique Collazo y Charles Hernández, organizó la frustrada expedición de “Fernandina” y en febrero del propio año cuando se disponía a venir en una pequeña expedición hasta la provincia, fue incorporado con sus 40 fusiles y parque a la de los generales Serafín Sánchez y Carlos Rolof, en cuya compañía desembarcó en “Punta de Caney”, junto a Tunas de Zaza el 24 de julio de 1895.
Fue designado delegado a la Asamblea Constituyente de Jimaguayú por el Camagüey y se le atribuye el alto mérito de redactar el Acta de Independencia que como preámbulo precedió el articulado de esa constitución.
Este destacado general, no quiso ocupar cargo alguno bajo la ocupación militar norteamericana, lo que le hizo ganar el reconocimiento de su pueblo, que como los lugareños, vemos en él al hombre consecuente y de acción que lo entregó todo a cambio de la independencia y quedó inmortalizado en la historia vinculado a la ciudad de Nuevitas.
BRAVURAS DE UN GENERAL MAMBI EN LA CERCANÍA DE NUEVITAS.
POr MSc. Ricardo Ferrer Aluija
Varias fueron las hazañas llevadas a cabo en las cercanías de la ciudad por los mambises que valientemente lucharon en nuestras Guerras por la Independencia. Ese es el caso del insigne general camagüeyano Ángel del Castillo Agramonte, que con su hidalguía burló a la soldadesca española cerca de aquí.
El 4 de noviembre de 1868 fue entre los primeros en lanzarse al campo de batalla en la comarca citadina. Se dirigió a “Las Clavellinas”, a orillas del río “Samaraguacán”, asistiendo a la famosa entrevista que presidió entonces el Marqués de Santa Lucía y en la que se trataron importantes temas vinculadas a las acciones insurrectas en la comarca.
Posteriormente partió a su ingenio “Santa Isabel”, por entonces perteneciente a demarcación de Nuevitas, lugar en el que realizó un acto que puso de manifiesto su nobleza de ideales revolucionarios: dio la libertad a sus esclavos, partiendo inmediatamente a los ingenios “Monte Oscuro” y “La Unión”, propiedad de sus hermanos, devolviendo también allí la libertad a los esclavos que trabajaban en la producción azucarera.
Cuando regresó con un puñado de hombres que lo acompañaban, se enteró que por el camino que conducía a esta ciudad de la costa norte, se acercaba una columna de tropas coloniales, mandada por el Conde Balmaseda y uniéndose a las fuerzas de Augusto Arango, preparó una emboscada en la que derrotó a los adversarios, haciéndolos retirarse por el camino que conducía de “San Miguel” a Nuevitas.
No conforme aun con ese enfrentamiento a las huestes españolas, siguió a las tropas, sosteniendo tiroteos en el sitio llamado “El Cercado”, así como en el propio ingenio “Santa Isabel” y por último en el propio poblado de “San Miguel de Nuevitas”.
Por su entereza puesta de manifiesto en cada contienda, se ganó el respeto y admiración de sus compañeros, causas por las cuales fue designado para ocupar importantes responsabilidades entre las tropas insurrectas en Las Villas y Ciego de Ávila, lugar donde entregó su vida generosa y ante la inminente muerte exclamó: “vengan a ver como muere peleando un general cubano”, lo que desmoralizó a las tropas españolas.
El general “del Castillo” no pudo ver el triunfo de las tropas que tantos años lucharon por nuestra independencia y que abandonando posiciones aristocráticas de la época, se lanzaron al combate por conquistar una verdadera emancipación, pero los que vivimos en esta provincia y de modo especial los nueviteros, le rendimos tributo perpetuo con la obra cotidiana continuadora de la emprendida por ellos
Varias fueron las hazañas llevadas a cabo en las cercanías de la ciudad por los mambises que valientemente lucharon en nuestras Guerras por la Independencia. Ese es el caso del insigne general camagüeyano Ángel del Castillo Agramonte, que con su hidalguía burló a la soldadesca española cerca de aquí.
El 4 de noviembre de 1868 fue entre los primeros en lanzarse al campo de batalla en la comarca citadina. Se dirigió a “Las Clavellinas”, a orillas del río “Samaraguacán”, asistiendo a la famosa entrevista que presidió entonces el Marqués de Santa Lucía y en la que se trataron importantes temas vinculadas a las acciones insurrectas en la comarca.
Posteriormente partió a su ingenio “Santa Isabel”, por entonces perteneciente a demarcación de Nuevitas, lugar en el que realizó un acto que puso de manifiesto su nobleza de ideales revolucionarios: dio la libertad a sus esclavos, partiendo inmediatamente a los ingenios “Monte Oscuro” y “La Unión”, propiedad de sus hermanos, devolviendo también allí la libertad a los esclavos que trabajaban en la producción azucarera.
Cuando regresó con un puñado de hombres que lo acompañaban, se enteró que por el camino que conducía a esta ciudad de la costa norte, se acercaba una columna de tropas coloniales, mandada por el Conde Balmaseda y uniéndose a las fuerzas de Augusto Arango, preparó una emboscada en la que derrotó a los adversarios, haciéndolos retirarse por el camino que conducía de “San Miguel” a Nuevitas.
No conforme aun con ese enfrentamiento a las huestes españolas, siguió a las tropas, sosteniendo tiroteos en el sitio llamado “El Cercado”, así como en el propio ingenio “Santa Isabel” y por último en el propio poblado de “San Miguel de Nuevitas”.
Por su entereza puesta de manifiesto en cada contienda, se ganó el respeto y admiración de sus compañeros, causas por las cuales fue designado para ocupar importantes responsabilidades entre las tropas insurrectas en Las Villas y Ciego de Ávila, lugar donde entregó su vida generosa y ante la inminente muerte exclamó: “vengan a ver como muere peleando un general cubano”, lo que desmoralizó a las tropas españolas.
El general “del Castillo” no pudo ver el triunfo de las tropas que tantos años lucharon por nuestra independencia y que abandonando posiciones aristocráticas de la época, se lanzaron al combate por conquistar una verdadera emancipación, pero los que vivimos en esta provincia y de modo especial los nueviteros, le rendimos tributo perpetuo con la obra cotidiana continuadora de la emprendida por ellos
NUEVITAS Y LAS PREFECTURAS MAMBISAS: GUERRA DE 1895.
Por MSc. Ricardo Ferrer Aluija.
Para llevar adelante la Guerra de 1898 a 1895, los independentistas cubanos, recogiendo las experiencias obtenidas de la Guerra de los Diez Años, emplearon similares procedimientos organizativos en la creación y funcionamiento del sistema de prefecturas, también vinculadas indisolublemente en esta etapa a la ciudad.
Por entonces la provincia de Camagüey tenía como límites: al este la provincia de Oriente y por el oeste la línea que arrancaba en el norte por “Laguna Banca”, pasaba por los esteros de Morón y por Ciego de Ávila, seguía por la línea férrea hasta el Júcaro en la costa sur.
La provincia se encontraba dividida en dos distritos, a saber: Nuevitas o del Este y Ciego de Ávila o del Oeste y en ella actuaba el tercer cuerpo del Ejército Libertador, el que contó con dos divisiones y cuatro brigadas. La primera división al este con las brigadas al noreste, sobre el río Jobabo y Nuevitas y otra brigada al sureste.
El Distrito Este (Nuevitas), tenía por límites: por el norte la costa desde el río Salado, en el puerto de Nuevas Grandes, hasta La Guanaja. Por el sur, la costa desde el río Jobabo, hasta el embarcadero de Santa Cruz. Por el este, el río Salado, Cabreras y el río Jobabo y por el oeste el Camino Real de La Guanaja a Puerto Príncipe y de allí a Santa Cruz.
Nueve prefecturas conformaron el distrito: Blancas, Nuevas Grandes, Guáimaro, Guayabal, Santa Cruz, Méndez, Guaimarillo, Sibanicú y Najasa las que a su vez contaban con varias subprefecturas. El servicio postal contaba con 44 casas de postas y 68 postillones.
En esta demarcación se organizaron talleres de zapatería, talabartería, herrería, platería, carpintería y otros en La Veguita, Hungría, Río Nuevo, San Diego de Chorrillo, El Jagüey, Guanayú, Santa Cruz y San Francisco; además se crearon las siguientes tenerías: La Esperanza, San Bartola, Las Gordas, Caobillas, San Juan de Dios, Sevilla y las Dos Bocas, y se creó un activo servicio de inspección de costas en Tana, Sevilla, El Hato, Junco, Manopla, José, Jaguado y Playuela.
Las prefecturas contaron con las siguientes subprefecturas: Prefectura de Guayabal: San Juan de Dios, Sevilla, Yaquimo y Sumidaro. Prefectura Guaimarillo: Berrocal, El Pilar, Guanabo y Cabaiguán. Prefectura Santa Cruz: Carrasco, San Juan, Cacaotal, Caridad, Guaicanamar, Los Naranjos y Arroyo Blanco. Prefectura Guáimaro: Santa Gertrudis, Las Gordas, La Rosalía, Cabilla y Cuya de Tana. Prefectura Blanca: La Deseada, Monteoscuro, El Salado, Nuevas Grandes. Prefectura de Najasa: Limones, El Desique, Guananí, El Ciego y Pilón.
En el primer semestre de 1896, fungió como teniente gobernador del distrito Melchor Loret de Mola, quien en julio de ese año fue promovido a gobernador de la provincia, siendo relevado por Pedro Mendoza y a partir de enero de 1897 y hasta finalizar la guerra, ocupó el cargo Manuel Casares.
El servicio de inspección en la costa norte estaba integrado por un inspector, un subinspector y 25 vigilantes; también contó con un jefe y un práctico para la línea férrea. Así se insertó la ciudad de Nuevitas en la Guerra del 95 como un eslabón muy importante en el gobierno de la República en Armas.
Para llevar adelante la Guerra de 1898 a 1895, los independentistas cubanos, recogiendo las experiencias obtenidas de la Guerra de los Diez Años, emplearon similares procedimientos organizativos en la creación y funcionamiento del sistema de prefecturas, también vinculadas indisolublemente en esta etapa a la ciudad.
Por entonces la provincia de Camagüey tenía como límites: al este la provincia de Oriente y por el oeste la línea que arrancaba en el norte por “Laguna Banca”, pasaba por los esteros de Morón y por Ciego de Ávila, seguía por la línea férrea hasta el Júcaro en la costa sur.
La provincia se encontraba dividida en dos distritos, a saber: Nuevitas o del Este y Ciego de Ávila o del Oeste y en ella actuaba el tercer cuerpo del Ejército Libertador, el que contó con dos divisiones y cuatro brigadas. La primera división al este con las brigadas al noreste, sobre el río Jobabo y Nuevitas y otra brigada al sureste.
El Distrito Este (Nuevitas), tenía por límites: por el norte la costa desde el río Salado, en el puerto de Nuevas Grandes, hasta La Guanaja. Por el sur, la costa desde el río Jobabo, hasta el embarcadero de Santa Cruz. Por el este, el río Salado, Cabreras y el río Jobabo y por el oeste el Camino Real de La Guanaja a Puerto Príncipe y de allí a Santa Cruz.
Nueve prefecturas conformaron el distrito: Blancas, Nuevas Grandes, Guáimaro, Guayabal, Santa Cruz, Méndez, Guaimarillo, Sibanicú y Najasa las que a su vez contaban con varias subprefecturas. El servicio postal contaba con 44 casas de postas y 68 postillones.
En esta demarcación se organizaron talleres de zapatería, talabartería, herrería, platería, carpintería y otros en La Veguita, Hungría, Río Nuevo, San Diego de Chorrillo, El Jagüey, Guanayú, Santa Cruz y San Francisco; además se crearon las siguientes tenerías: La Esperanza, San Bartola, Las Gordas, Caobillas, San Juan de Dios, Sevilla y las Dos Bocas, y se creó un activo servicio de inspección de costas en Tana, Sevilla, El Hato, Junco, Manopla, José, Jaguado y Playuela.
Las prefecturas contaron con las siguientes subprefecturas: Prefectura de Guayabal: San Juan de Dios, Sevilla, Yaquimo y Sumidaro. Prefectura Guaimarillo: Berrocal, El Pilar, Guanabo y Cabaiguán. Prefectura Santa Cruz: Carrasco, San Juan, Cacaotal, Caridad, Guaicanamar, Los Naranjos y Arroyo Blanco. Prefectura Guáimaro: Santa Gertrudis, Las Gordas, La Rosalía, Cabilla y Cuya de Tana. Prefectura Blanca: La Deseada, Monteoscuro, El Salado, Nuevas Grandes. Prefectura de Najasa: Limones, El Desique, Guananí, El Ciego y Pilón.
En el primer semestre de 1896, fungió como teniente gobernador del distrito Melchor Loret de Mola, quien en julio de ese año fue promovido a gobernador de la provincia, siendo relevado por Pedro Mendoza y a partir de enero de 1897 y hasta finalizar la guerra, ocupó el cargo Manuel Casares.
El servicio de inspección en la costa norte estaba integrado por un inspector, un subinspector y 25 vigilantes; también contó con un jefe y un práctico para la línea férrea. Así se insertó la ciudad de Nuevitas en la Guerra del 95 como un eslabón muy importante en el gobierno de la República en Armas.
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