jueves, 4 de febrero de 2010

ALABANZA A NUEVITAS.

Por Lic. Ricardo Ferrer Aluija.

Levanto la vista y ante mi, empinada, esbelta, coqueta y señorial, se alza la ciudad, cual promontorio de notorias dimensiones en el que se entremezclan con armonía sin igual pendientes, ceibas, rojizos techos de criollísimas tejas, cocoteros y gente sana que suben y bajan y atraviesan el emporio citadino, cual tablero del más apasionado de los juegos.

Cruzo una calle y mirando al fondo el horizonte en que se divisa la Punta del Guincho, atareado y rodeado de viejos pescadores, me encuentro a Fernando, ese que teje las redes de pescar que luego utilizan los que se hacen a la mar para capturar los rojiazules peces que nos regala la bahía y teje también historias de españoles, piratas y cubanísimos personajes que han dado color y vida a la villa.

El vetusto cañón del principal parque, apunta al mar y parece conversar con la bahía y ocurre que el si sabe la fecha exacta de la fundación de la primada villa, pero no lo dice, posa callado como para que investigadores y aferrados demuestren lo que el sabe. El fue testigo de la presencia de gringos en la bahía y estuvo arrinconado por años hasta que le hicieron su pedestal y hoy brilla y parece expandir su ruidoso estruendo para que sepan que esta es la Nuevitas de Cuba Libre.

Cuenta Fernando mil historias y leyendas; de pescadores que con su linterna alumbraban el reloj de la mayor iglesia para ver la hora en las oscuras madrugadas, de portuarios que se accidentaban con intención para cobrar el seguro que diera comida a su numerosa prole, de historias nuevas de industrias y turismo.

Parece resonar la masa real con tres crujientes golpes en el adoquín para anunciar la buena nueva de la fundación de la ciudad aquel lejano 28 de febrero de 1828 y parece que nuestros ancestros se reúnen para darnos fuerzas y razones para continuar la obra presente y pensamos en los que hicieron por el terruño y ya no están porque se quedaron para siempre en el corazón de los nueviteros buenos.

Desde su altura, Martí avizoró y avizora la grandeza de la ciudad, y Maceo con su corta pero ruidosa estancia en ella y el viejo Gómez que la tomó por asalto aquella madrugada y se fue lleno de municiones y pertrechos ayudado por los nativos de entonces.

Erguido Fernando cuenta que cuentan y es verdad que aquí se luchó por la independencia, por la liberación definitiva, que de aquí salieron tropas y armas para la Operación Carlota que devolvió al África la deuda que teníamos con ella los cubanos y no le digo adiós al altivo personaje. Le digo hasta siempre porque tendré que estar a tu lado perpetuamente mi querido Fernando, San Fernando de Nuevitas.

PLAZA VACANTE EN LA MARINA COLONIAL.

Por Lic. Ricardo Ferrer Aluija.

Corría el año 1894 y en plena etapa estival, mientras los cubanos de esta zona se preparaban para el inminente inicio de la guerra necesaria, las autoridades españolas apostaban por reforzar sus posiciones con la esperanza de evitar que los insurrectos se abrieran paso y escalaran nuevas posiciones, en ese contexto, se convocó una importante plaza de la marina.
El 30 de marzo de ese año, por instrucciones de nuestro Héroe Nacional José Martí Pérez el patriota Enrique Loynaz del Castillo había introducido clandestinamente por Nuevitas doscientos fusiles y 48 000 municiones con vista a garantizar el alzamiento camagüeyano en lo que pasó a la historia como Expedición Alert, todo lo que condicionó la actitud defensiva de las fuerzas colonialistas acantonadas en esta zona norte del Camagüey.
Sin embargo un hecho singular ocurría, que atentaba contra el empeño de los representantes de la corona en preservar sus intereses: había quedado vacante la plaza de Subdelegado de marina de santa Lucía, por haber fallecido su titular y no haber podido encontrar fácilmente quien la cubriera.
Ante tan compleja situación, en el Boletín Oficial de la Provincia de Puerto Príncipe, publicado en el año económico 1894 al 1895, con fecha 13 de agosto del primero de esos años, el Comandante General del Apostadero dispuso que se publicara que por un término de 15 días, se recibirían las solicitudes de los que aspiraran a la misma.
Según lo expresado en esa publicación periódica, las personas que se interesaran, debían hacerlo acompañado de un certificado de buena conducta de la autoridad local correspondiente y en el que se expresase que el mismo residía en aquel punto de la geografía nuevitera.
El interesante Boletín Oficial de la Provincia de Puerto Príncipe, publicado en el año económico 1894 al 1895, que recoge esta noticia, se encuentra navegando en el Portal de Archivos Españoles, del ministerio de Cultura de ese país, bajo la égida de ¨ Archivo Histórico Nacional ¨, siendo un testimonio elocuente del poder colonial que hizo posible que estos originales fueran a parar a la Península Ibérica.
Como se podrá apreciar, las autoridades españolas a sólo unos meses del reinicio de nuestras guerras de independencia, trataban de tomar las medidas que hicieran posible perpetuarse en el dominio de esta parte de la isla, lo que no pudo frenar a las fuerzas insurrectas que prácticamente ganada la contienda, no pudieron tomar el poder político por la repudiada intervención norteamericana.

¨ Y LLEGÓ EL PAPEL SELLADO ¨

Por Lic. Ricardo Ferrer Aluija.

La utilización del papel sellado es tan pretérita como la existencia misma de la escritura y el derecho. La humanidad ha utilizado esa práctica por años y en nuestra ciudad su utilización se remonta a época muy temprana de la dominación colonial española.

Por entonces, ningún documento oficial ni comercial tenía la debida validez si no estaba hecho en papel sellado del estado, los que eran emitidos con diferentes valores, según la cuantía del capital que representaba el documento en cuestión.

El 28 de Diciembre de 1638 cuando el decreto que estableció como obligatorio el empleo del ¨ papel sellado ¨ y el comercio de lo que iba conformando el núcleo básico del que surgiría la ciudad, tanto comerciantes como particulares, tenían que disponerse a viajar a Camagüey para adquirirlo, lo que sin dudas les ocasionaba molestias y gastos.

Ante los reclamos de los lugareños, el Gobierno , decidió establecer aquí una delegación, de acuerdo con el artículo 42 del reglamento y fue nombrado como expendedor de efectos sellados Fernando Maury Arana, primitivo dueño del establecimiento de ropa denominado ¨ La Cira ¨.

Esta delegación fue inaugurada el primero de julio de 1884. En esa época las contribuciones no se pagaban en el Ayuntamiento, sino a un recaudador nombrado por el Gobernador, siendo el primero e ejercer esa función Cirilo García, hijo político de Don Andrés Argüelles, Capitán de Voluntarios y comerciante de víveres con un establecimiento en el centro de la ciudad.

La utilización del papel sellado con el transcurso del tiempo se fue extendiendo y ganando espacio entre los trámites oficiales que se desarrollaban en la ciudad, su diseño se transformó gradualmente en correspondencia con las prácticas universales más avanzadas en esta materia.

Llega a nuestros días la utilización del papel sellado, como testimonio de una práctica ancestral que deja constancia documental del aporte del deudor o interesado a los haberes del estado que legaliza y da carácter oficial a las misivas que perpetúan una importante transacción, declaración o trámite judicial.

PABLO EN NUEVITAS.

Por. Lic. Ricardo Ferrer Aluija.

Corrían los días en los que se hacía público un proyecto de Ley ilegal denominada ¨ Chicota ¨ sustentada por el presidente de entonces Gerardo Machado que pretendía otorgarle preferencias a las exportaciones de azúcar al puerto del norte de Morón, lo que afectaría sustancialmente a los trabajadores del puerto de Nuevitas, que trabajaba sólo unos meses cuando había zafra, fue por esos días en que la ciudad fue recorrida por Pablo de la Torriente Brau.

Revolucionario, miembro de la Federación Estudiantil Universitaria y periodista , publicó varios artículos en el diario ¨ Ahora ¨ el 30 de diciembre de 1934 y el 11 de enero de 1935, entre ellos uno muy descriptivo de los días que vivía la ciudad, tituló como ¨ Chicola y Nuevitas ¨.

En el artículo escribió:
¨ Dos de mis cicerones de Nuevitas, con quienes más largamente departí, Juan Manuel Hernández y Fernando Lacaba, joven comerciante cubano , el primero, de energía y voluntad y decisión, y periodista el segundo…lograron darme la medida de las aspiraciones de Nuevitas; de sus peticiones; de sus derechos; de sus necesidades.
¨ Con ellos recorrí la ciudad, limpia y transparente, pero vacía, como si se hubieran ido de ella miles de habitantes; fui a la bahía, enorme como un mar pequeño, y en la que sólo unos pobres veleros cabeceaban, soñolientos, sobre las olas lentas.

El joven luchador cubano que a poco se trasladaría a luchar en la Guerra Civil Española continuó apuntando en su crónica:
¨ Fui también a Pastelillo, embarcadero hoy sin vida; a Puerto de Tarafa, donde cuatro barcos grandes animaban los muelles inmensos…
¨ Vi la estación del ferrocarril, que es la angustia y la obsesión de Nuevitas , porque es su única salida posible, porque si hay un enfermo grave para llevar a Camagüey tiene que esperar la salida del tren, con el riesgo de que, como en el reciente caso de la señora Mercedes Mateu de la Morera; el enfermo muera sin asistencia médica, antes de que salga el tren.

Sobre la lucha que se polarizaba entonces por la Ley Chicola y su impresión de la reacción de los lugareños escribió:
¨ Por último, estuve en cien lugares y en todos hallé letreros ¡ Abajo Chicola! ….!Exigimos la carretera!, expresivo de una ciudad que se había dispuesto a luchar…
De aquel día y de aquellos hechos por feliz coincidencia, hay dos testigos excepcionales, a más de toda la población de Nuevitas: los ingenieros y revolucionarios Feliciano Aldereguía y Ramiro Valdés Daussá, quienes dan fe de haber visto a un pueblo dispuesto a pelear.¨

Así la ciudad se vio honrada con la presencia del revolucionario Pablo, que dejó un ejemplo imperecedero de estoicismo revolucionario y desde su óptica supo valorar la decisión de luchas de los nativos de la ciudad.

NUEVITAS EN LAS PRIMERAS DÉCADAS DEL SIGLO XX.

Por Lic. Ricardo Ferrer Aluija.

Cuba vivía los primeros años de ¨ la república ¨, caracterizados por el entreguismo a los estados Unidos y se producía la llamada ¨ Danza de los Millones ¨ en los días del gobierno de Mario García Menocal y la ciudad mostraba un quehacer incipiente en tanto mantenía sus vínculos con la capital provincial a través del ferrocarril, pues por entonces no existía carretera hasta ahí, pero su condición de puerto relevante condicionó la transformación de su entorno.

Contaba la ciudad por entonces con 13 000 habitantes. La importación entre 1910 y 1911 ascendió a $ 813 651 y la exportación en $ 1, 303 452 , ese año se produjeron 852 entradas de buque de cabotaje con 195 980 toneladas y las salidas fueron 841 con 196 075 toneladas, en tanto las de buques de travesía ascendieron a 88 con 201 940 toneladas , en tanto salieron 87 con 200 263.

El 5 de diciembre de 1912 fue establecida en la ciudad una sucursal del ¨ Banco Real de Canadá ¨, mientras el 8 de diciembre del propio año comenzó a funcionar una sucursal del ¨ Banco Español de la Isla de Cuba ¨.

Para facilitar la manipulación de la exportación e importación, se construyó un muelle de 300 metros de largo, con cerca de diez pies de calado, y se contaba con un remolcador a vapor, dos barcos de vela con una capacidad de 480 y 250 sacos respectivamente y tres gabarras propiedad de la Munson S:S: Line.

La ciudad contaba con agencias de las compañías ¨ Norddeutscher Lloyd ¨, ¨ Royal Insurance Company ¨,¨ Royal Mail Steamship ¨, ¨ Compañía Trasatlántica Española ¨, ¨American & Cuban Steamship Line ¨, ¨ Banco Nacional de Cuba ¨y ¨ Banco de la Habana ¨, En tanto los principales artículos de importación eran 500 sacos mensuales de harina de los puertos del norte del Atlántico y del Golfo, 1 500 sacos de arroz mensuales de Liverpool, otros comestibles, vinos, sal, aceites y conservas de España y los Estados Unidos.

Por entonces, la ciudad era el reflejo de un artificial crecimiento económico, que lejos de estar dirigido a satisfacer las necesidades de los lugareños, eran el reflejo del entreguismo que ponía a nuestra economía en desventaja con relación al país del norte y limitaba nuestra independencia, por lo que la población no percibía de manera concreta los resultados del presunto auge económico.

Así, el inicio del siglo de la república en la ciudad, sirvió para sentar las bases del ulterior devenir socioeconómico de la localidad, lo que ha pasado a la historia como una parte del triste pasado del que se sacaron las necesarias enseñanzas para luchar por elegir un mejor presente.

TRANSFORMACIÓN DEMOGRÁFICA DE FINALES DEL SIGLO XIX.

Por Lic. Ricardo Ferrer Aluija.

Concluida la Guerra Hispano-Norteamericana, con la cual culminó la lucha de los cubanos por su emancipación, entonces frustrada por la ingerencia de ¨ …el gigante de las siete leguas…¨, las principales ciudades de Cuba, entre las que se contaba Nuevitas, experimentaron transformación significativa en su emporio demográfico.

Al iniciarse el ¨ período de independencia ¨ al culminar la dominación española, se produjo un déficit grave de la población en los campos, agravado por el hecho de que la población desplazada del sector rural generalmente permaneció en la ciudad, pues la ayuda prestada por medio de las raciones durante los años 1898 y 1899 y la escasa difusión del sistema de habilitación de los campesinos, con préstamos en reses y en equipos, impidieron que retornaran a su anterior emplazamiento.

Entre 1887 y 1899 la ciudad, como otras notorias de la isla, había aumentado su población de, de modo que de 6 618 habitantes, se vio incrementado hasta llegar a 10 355, lo que evidencia la concentración que se había producido en los núcleos urbanos.

El hecho de que se concentrara una parte de la población campesina en la ciudad dejó algunas zonas desprovistas de los brazos necesarios para el fomento que les esperaba dadas las nuevas condiciones que las estrechas relaciones políticas y económicas con los Estados unidos, creaban a través de las grandes inversiones para el desarrollo azucarero y agrícola.

Entonces, desde los primeros años de la república mediatizada, la cuestión de la inmigración y de la colonización se agitó entre los sectores económicos más interesados en suplir la relativa escasez de la población rural. La ciudad fue testigo de cómo se formaron asociaciones, compañías y ligas para favorecer proyectos o discutir los problemas del caso, pero como era de esperar se hizo muy poco en el orden estatal.

Luego, el 12 de junio de 1906, se puso en vigor la Ley de Inmigración y Colonización, que disponía la creación de un fondo de un millón de pesos para establecer familias e importar braceros, que serían ubicados en aquellas tierras cedidas por propietarios para darles arrendamiento o a plazos a los inmigrantes, lo que provocó que algunos de los ¨ nuevos lugareños ¨ se trasladaran a zonas agrícolas cercanas.

Como verá, la ciudad culminó el siglo XIX viendo incrementada su población debido a las consecuencias de la guerra, ello hizo que se construyeran nuevas pero muy modestas viviendas y que se abrieran por los moradores caminos, trillos y pasos por los que transitar con más pobladores.

EXTRAÑA EMULSIÓN CONSUMIDA EN NUEVITAS.

Por Lic. Ricardo Ferrer Aluija.
Muchísimas son las combinaciones de alimentos que se arraigaron entre los nueviteros, y por su popularidad fueron asumidas por la población nativa con aceptación, condicionando que las mismas pasaran a formar parte del la diversa y rica cocina local, entre la que se cuenta con el ¨ Alioli ¨
El alioli es una salsa formada por una emulsión de aceite y ajo. Los platos, en especial de pescado, con salsas a base de ajo y aceite emulsionado, así como la salsa usada por separado, son abundantes en regiones e islas del arco Mediterráneo entre España, Francia e Italia, que va desde Cartagena en la Región de Murcia a Calabria, pasando por la Comunidad Valenciana, Cataluña, Provenza o Liguria. Entre los platos a que se hace referncia, se puede citar, por ejemplo a base de bacalao, el bacalao horneado con alioli catalán, el bacalao ab burrida de las Islas Baleares, el bacalao a la brandi coglioni e incluso la brandada mediteránea y el bacalao al pil pil vasco.
Aquí, el alioli en su versión original consistía en un majado de ajos y aceite ligado hasta formar una crema. Incluso existían a mediados del pasado siglo XX morteros de mármol y de cerámica especiales para tal fin y gustaba en cuanto se contaba con la textura necesaria en la emulsión, degustarla por vez primera untándola a una rueda de pan.
En la más arraigada costumbre, era consumido con pescados (en especial con pargo o cherna), con mariscos (langostas, camarones, etc.), con carnes a la brasa, verduras a la plancha o a la brasa, o papas asadas, fritas o hervidas.
En Cataluña y Valencia se hizo habitual tomarlo con algunos tipos de arroces o paellas, especialmente aquellos de base de pescado, como por ejemplo el arroz negro y el arroz a banda. Se usa también para acompañar pescados fritos en la costa del sol. Tal vez esta sea una de las principales herencias del arte culinario de aquella región llegada hasta esta parte del norte de la provincia de Camagüey con más marcado acento ibérico.
Normalmente aquí el alioli se come frío o a temperatura ambiente pero no es raro usarlo para cubrir alimentos que luego se doran al horno, aunque ya muy pocos moradores aciertan formar la emulsión como se consumía inicialmente sólo a base de aceite, ajos y sal, pues luego y con ayuda de la ¨ licuadora ¨ apareció una modalidad muy parecida a la ¨ mayonesa ¨ pero no mantenía el mismo sabor pues a esta se le añade huevos crudos.
Ahora, cuando recordamos el alioli, nos vienen a la mente aquellos descendientes de españoles que se asentaron aquí y difundieron el consumo de la emulsión, que pasó a formar parte importante de la lista de salsas con que se han acompañado a los alimentos, generalmente de origen marinero, en tanto lo invitamos a hacer un original ¨ alioli ¨, pero le alertamos: tenga sumo cuidado que puede cortarse.